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No son pocos los estudios que, a lo largo de los años, han advertido y advierten sobre el peligro que supone la exposición a la radiación solar. Pese al trabajo de los gases de la atmósfera, que actúan como película protectora, lo cierto es que no todas las ondas son absorbidas, por lo que su penetración resulta inevitable. Aunque los rayos solares pueden incidir a lo largo de todo el año, es durante el verano cuando se destina mayores recursos a la concienciación. De sobra por todos conocidos son los efectos nocivos que pueden provocar en nuestra salud.

El otoño ya está aquí, pero ello no significa que debamos descuidar nuestras acciones contra este agente. Además de la protección mediante diversos productos corporales —tema que no nos ocupa, pero que siempre conviene recordar—, se debe tener en cuenta que la radiación solar no solo nos incide de forma directa. Debes saber que no estás completamente seguro ni en tu coche, ni en tu trabajo, ni en tu domicilio.

La peligrosa exposición solar

Los rayos ultravioleta pueden atravesar las ventanas de nuestra casa, así como de los distintos espacios que frecuentamos día tras día. Seguro que conoces el caso de algún profesional que pasa su jornada laboral en la carretera, el cual posee el lado izquierdo del cuerpo más moreno que el derecho, sin tener en cuenta si la ventanilla del vehículo permanece más tiempo subida o bajada. Esto nos da una idea de la gran incidencia que tiene el astro rey.

Como indica la Fundación de Cáncer de Piel —Skin Cancer Foundation— los rayos ultravioletas son «furtivos», es decir, «no solo pueden provocar cáncer de piel y signos visibles de envejecimiento, sino que también son muy buenos encontrándote», ya que rebotan en superficies tan dispares como el agua, la arena… y, por supuesto, penetran el vidrio. Esto provoca que, incluso delante de la mesa de tu trabajo o el televisor de tu salón, entre otros, estés en peligro.

Prevención del cáncer de piel

Lo que comenzó en los vehículos en la década de los 90, se ha ido expandiendo a otros ámbitos. Hablamos, por supuesto, de las láminas solares, que suponen un obstáculo claro a este efecto dañino. Pese a que, en los medios de transporte particulares, en nuestro país, solo está permitido instalarlas en los cristales traseros, esta acción supone un gran avance, sin reducir por ello la visibilidad.

Estas películas autoadhesivas de fácil colocación absorben hasta un 90% de la radiación, siempre dependiendo del grado de opacidad de la misma; es decir, realiza la misma función que la crema solar durante una tarde de playa. Tanto en viviendas con amplias vidrieras, como en comercios con gran exposición a la luz o durante la estancia en el interior de un coche —ya esté estacionado o en movimiento—, las láminas solares previenen la aparición del cáncer de piel, enfermedad que cada año se cobra la vida de miles de personas en todo el mundo.

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